No hay trabajo aburrido

No hay trabajo aburrido

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A mis 15 años, me asignaron en verano un trabajo que, para la mayoría, representaba un absoluto tostón: darle vales a los camiones que descargaban zahorra en un camino rural en construcción, según la carga que transportaran. Llegaba un camión cada 10 o 15 minutos, así que las perspectivas de divertirme con este trabajo eran bastante bajas… así que me dispuse, como siempre, a complicarme la vida

La Vereda de Sendres

VeredadeSendres

De la carretera que va del pueblo de San Felipe de Neri hacia Elche, por Matola, sale un camino rural, llamado la Vereda de Sendres, que bordea el paraje natural de El Hondo. Tierra de palmeras y cañaverales, pantanosa, responsable en gran medida de que trasladaran a mi padre, y con él a toda la familia, desde Úbeda hasta la Vega Baja del Segura.

El caso es que esta vereda terminó siendo mi iniciación al trabajo real, ya que realicé mis primeros trabajos remunerados en este camino rural.

EstacasReplanteoMAUSA

Mi primer trabajo fue ayudar como portamiras a mi padre, en el verano del 1973 (con 14 años) recién llegado a estas tierras. recuerdo que como portamiras era más o menos pasable, pero clavar las estacas de replanteo en la dura tierra de los arcenes de la vereda me dejó las manos llenas de ampollas rápidamente, con lo que al final fui más un estorbo que una ayuda para mi padre en esta tarea.

Al final, me encomendaron una tarea más sencilla: armado con una lata de pintura, y una brocha, pinté detrás de cada señal de tráfico de la vereda el nombre del organismo que había financiado su construcción (el IRYDA). Y el caso es que me pagaron por ello, lo cual me llenó de orgullo.

El “duro” trabajo de entregar vales a los camiones

Al verano siguiente, empecé a trabajar como auxiliar de topografía levantando perfiles longitudinales de caminos rurales del campo de Elche y alrededores, aunque extra-oficialmente, ya que con 15 años se suponía que no debía hacer este tipo de trabajos. Mi padre supervisaba mi trabajo, y el cliente estaba satisfecho, preguntándose cómo era posible que mi padre sacara adelante tanto trabajo en tan poco tiempo.

Durante ese verano, hubo unos días que no tenía una tarea de topografía asignada, así que me ofrecieron sustituir a un trabajador que tenía que ausentarse durante unos días, por algún motivo que no recuerdo. La tarea era muy sencilla: Estaban arreglando la carretera que va de San Felipe de Neri hacia la Carretera de Matola, cerca del comienzo de la Vereda de Sendres, y había que controlar los camiones que llevaban zahorra para construir el firme de la carretera.

Había unos cuantos camiones de distinto tamaño, de los que sabíamos su volumen de carga total en metros cúbicos de material. Había que mirar si venían llenos, y en caso contrario descontar la falta de carga, y darles un vale por el material transportado. Hasta ahí, era pan comido, ya que solo venía un camión cada diez o quince minutos.

CamionGrava

Si además les dejaba descargar el material en cualquier sitio, el trabajo no revestiría más complicación. Sin embargo, el maquinista de la motoniveladora se quejaba constantemente en arameo (o eso me parecía a mí) de que los camiones descargaban en cualquier sitio, y luego costaba un montón llevar el material hasta su ubicación definitiva, según los datos de rasante final replanteados.

¿Para qué aburrirte si puedes innovar?

Donde hay un problema siempre hay una oportunidad. Resulta que conocía al maquinista desde mi más tierna infancia (le llamábamos familiarmente “el Viejito”), así que le sonsaqué todo lo que pude sobre qué entendería él como un buen reparto de la zahorra.

CaminoRural

Resulta que la cantidad de material necesario estaba claramente definida por la anchura del camino, y la altura de la marca que se había fijado en las estacas de replanteo, que era la indicación que seguía el maquinista para repartir el material.

Como siempre me ha fascinado la resolución de problemas matemáticos y geométricos, me puse manos a la obra y me creé una tabla en la que ponía en columnas los camiones por su volumen teórico, y en las filas las alturas posibles de las marcas de estaca, desde 1 cm hasta 40 cm. Y en la intersección de filas y columnas puse los metros en los que se tenía que repartir el material para llenar el volumen esperado en este tramo de camino concreto.

No hay que ser ingeniero ni manejar computadoras para innovar

Sirva como aclaración que estamos hablando del año 1974. Yo estaba en el verano entre mi quinto y sexto de bachiller. No tenía calculadora a pilas (aunque teníamos calculadoras en la oficina), ni ordenador (ni sabía que existían), y al VisiCalc (la primera hoja de cálculo del mercado, creada por Dan Bricklin) aun le quedaban 5 años para ver la luz.

Me pegué una buena pasada de hacer cálculos a mano, que contrastaba con la realidad a la llegada de cada camión, y con el feedback del maquinista, que asistía divertido a mis intentos de realizar algo que nadie había hecho antes en esa empresa, por lo que probablemente fuera imposible.

En cuanto se iba un camión, miraba en la tabla las distancias de reparto de los camiones que faltaban por llegar, y ponía unas piedras en el camino que me ayudaran a fijar el límite de reparto de cada camión. A la que veía llegar el siguiente camión, quitaba las piedras que había dejado preparadas por si llegaban los otros camiones, e indicaba al camionero que descargara el material entre las dos marcas establecidas.

Me tocó añadir algún coeficiente corrector (por la curvatura, “bombeo”, transversal del camino, y por las pérdidas naturales de material y su compactación final), pero al final la tabla parecía funcionar.

Claro que todo estaba perfecto hasta que cambiaron uno de los camiones por otro de un volumen distinto al de los que habían llegado hasta ese momento. Así que ¿para qué corregir la tabla añadiendo una columna más, sin con mucho trabajo más podría generalizarla para cualquier camión? De paso, esto me resolvería el problema de asignar distancias de reparto a camiones que no llegaban llenos del todo.

Así que terminé modificando la tabla original, de modo que las columnas representaran los volúmenes posibles en m3, desde los 8 a los 25, y en filas las altura de las marcas de replanteo, desde 1cm hasta 40cm. Y la intersección de filas y columnas era simplemente la distancia de reparto del material que traía ese camión con ese volumen de material en ese tramo de camino.

Problema resuelto, ¿y ahora qué?

Plastifiqué aquella tabla, y la utilicé durante unos días, comprobando con el Viejito que la cosa funcionaba de maravilla. Pero la simple aplicación de esta innovación ya empezaba a aburrirme. Por suerte, mi padre me rescató de este trabajo rutinario para encargarme el levantamiento del perfil longitudinal de otro camino. Le dejé la tabla plastificada al maquinista, y nos despedimos con un gesto de complicidad, con la satisfacción de haber definido juntos un proceso que, a nuestro entender, ni los ingenieros ni los peritos de la empresa se habían siquiera planteado antes que nosotros.

Años más tarde, visitando uno de los caminos en construcción de la zona, me acerqué a charlar con el operario que daba los vales a los camiones, y me sorprendió ver una hoja plastificada que llevaba doblada, copia de la tabla que había escrito hacía unos años. Era una fotocopia de mi tabla original, y me comentó que se la pasó un compañero de otro camino. Reconocer mi letra y ver que años más tarde seguía siendo útil, me llenó de orgullo.

Tras mi segundo año de universidad, en la delegación del IRYDA de Murcia me pidieron que calculara la distribución de movimiento de tierras de una red de caminos de servicio de la red de regadío de Santomera (red de caminos cuyo proyecto había desarrollado yo el año anterior), de modo que se optimizara la distribución del movimiento de tierras, y se minimizara la aportación de zahorras naturales externas. Pero para entonces ya tenía una calculadora HP-25, y en la oficina contábamos con una HP-67. Pero eso es tema para otra entrada del blog

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Fernando G. Guerrero

Fernando G. Guerrero

President of SolidQ, Non-Executive Director, Digital & Data Strategist, crazy about technology, NBA, movies and music of all kinds. Tom Peters' fan since 1982


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