Mi infancia en Úbeda: Devorando libros para construir una mente inquieta y curiosa

Mi infancia en Úbeda: Devorando libros para construir una mente inquieta y curiosa

Creo que aprendí a leer más o menos al llegar a Úbeda, con unos cuatro años de edad, en una pequeña escuela de barrio, que una maestra regentaba en su propia casa en la calle Chirinos de Úbeda.

Poco más tarde entré a estudiar en el Colegio de las Carmelitas de Úbeda, ahora convertido en el espléndido Hotel Palacio de Úbeda, donde directamente me salté un curso, porque se supone que en el curso de entrada él objetivo era aprender a leer, y yo ya sabía (o al menos así lo recuerdo yo).

Lo que sí recuerdo de aquella época es que me apasionaba leerlo todo, cabeceras de los periódicos, anuncios en las carreteras, nombres de las calles, etiquetas de todos los productos, hasta prospectos de las medicinas, aunque no los entendiera.

Como curiosidad, recuerdo los primeros dos libros que me regalaron mis padres: una edición resumida para niños del David Copperfield de Charles Dickens, y un libro de biografías resumidas llamado Cien Figuras Españolas, donde cada la vida y milagros de cada personaje se describía en dos páginas. Estamos hablando del año 1964, y esta selección de libros podría parecer curiosa para un niño de cinco años, pero os aseguro que los devoré como el mejor regalo que jamás hubiera podido recibir.

Viajando a través de los libros

Esas historias de héroes y conquistadores, algunas atroces, escritores y artistas, reyes y santos, llenaban esa mente infantil de infinitas posibilidades, que eliminaban potenciales barreras a las aspiraciones de quien ya nunca se conformaría con seguir la corriente.

Así que, desde los cinco años, cualquier celebración era buena excusa para regalarme un libro. De este modo, mi infancia se llenó de viajes imaginarios por todo el mundo, de la mano de Julio Verne, Mark Twain, Charles Dickens, Emilio Salgari, y tantos otros. Primero en ediciones resumidas para niños, más tarde en ediciones con más letra y menos dibujos, como la colección Historias Selección de Bruguera (que ilustra este artículo), las cuales terminé prefiriendo porque me permitían poder imaginarme esos mundos a mi antojo, sin estar limitado por las ilustraciones que las acompañaban (de hecho, me saltaba a propósito la página de ilustraciones que intercalaban cada dos o tres páginas de texto, para que no destruyera la imagen que me había hecho en mi imaginación).

Quizá en esa época me fui convirtiendo poco a poco en ave nocturna, ya que me resultaba imposible dormir antes de medianoche, ni siquiera en mi infancia. No podía conciliar el sueño sin antes haber leído un montón de páginas de alguno de mis libros, hasta que caía dormido con el libro en mis manos.

De hecho, encontré un modo infalible de detectar si me había quedado dormido. Si de pronto aparecía yo mismo en el episodio que estaba leyendo, era señal inequívoca de que realmente estaba soñando, ya que conocía de sobra ese pasaje, y sabía que era imposible que yo apareciera en él. así que era hora de cerrar el libro, apagar la luz, y dormir definitivamente hasta el día siguiente.

Antes de los 14 años ya tenía probablemente más de 200 libros, la mayoría de los cuales había leído varias veces.

Asterix

Pero también me gustaban los tebeos y comics, como a todos los niños de mi edad, los del Jabato y el Capitán Trueno, los de Mortadelo y Filemón, o los libros de Asterix. Hasta recuerdo una buena colección de Hazañas Bélicas.

Años más tarde, mi buen amigo, mentor y socio Bernando Cebolla me decía que si un niño no es capaz de pasar largas horas sentado, concentrado en la lectura de un tebeo, no será capaz de pasar largas horas estudiando. Creo que tenía toda la razón del mundo.

La imaginación es un músculo que hay que ejercitar desde muy pequeño

Estoy convencido de que todo esto contribuyó a ir formando una mente inquieta y un afán por imaginar y descubrir nuevos mundos. Una certeza de que existen muchas soluciones alternativas a cualquier problema, y que el mundo es mucho más grande que nuestro pequeño entorno cercano.

No podría decir cuánto recuerdo de estas cosas que leí en esos tiempos, aunque a veces me asombra recordar con mayor claridad los nombres de algunos personajes de esos libros que los nombres de algunas personas con quienes me relaciono a diario.

En todo caso, lo que sí tengo claro es que todo aquello fue el germen de mi especial interés por resolver problemas, tanto en ingeniería civil, como en informática, como en gestión empresarial o gobierno corporativo. Al fin y al cabo, todo son solamente problemas a resolver, utilizando todas las herramientas que uno pudiera tener disponibles. Y la herramienta más poderosa es sin duda el afán de encontrar una solución, sin rendirse ante la aparente imposibilidad de alcanzarla.

Haber leído mucho, sobre temas muy variados, abre infinitas posibilidades a la búsqueda de soluciones alternativas que, quizá por heterodoxas, podrían ser descartadas por la mayoría, pero que en muchos casos pueden ser la clave de la resolución de grandes problemas.

Posiblemente nunca he pasado más horas diarias leyendo que en aquellos años que viví en Úbeda, y eso marcó el resto de mi vida.

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Fernando G. Guerrero

Fernando G. Guerrero

President of SolidQ, Non-Executive Director, Digital & Data Strategist, crazy about technology, NBA, movies and music of all kinds. Tom Peters' fan since 1982


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2 comments

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  1. Jane
    Jane 29 May, 2016, 03:31

    I wanted to thank you for this excellent read!!
    I absolutely loved every bit of it. I have got you book-marked to look at new things you

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