Leavenworth

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El pasado verano, mi familia me acompañó en Redmond, mientras diseñaba dos nuevos cursos de SQL Server 2005 para Microsoft. De hecho, el pasado verano fue la primera vez en más de 14 años que no hice maletas en tres meses seguidos.

Uno de los fines de semana, nos fuimos con unos amigos a ver las gargantas del río Columbia, http://www.experiencewashington.com/RegionPage_pid-106600_R9.html , y algunos parajes interesantes por el camino. En este viaje conocimos un sugerente pueblo: Leavenworth ( http://www.leavenworth.org ), el Pueblo Bávaro del Estado de Washington, como le llaman sus ciudadanos.

Y ¿Por qué estoy hablando de un “falso” pueblo bávaro en una columna de MSDN? La explicación llegará un poco más adelante.

Leavenworth, Washington during the annual Leavenworth's Town and Tree Lighting

Hace muchos años, este pueblo se encontró con que su principal fuente de ingresos desapareció, y pasaron unos años de decadencia progresiva, hasta casi su extinción ( http://www.leavenworth.org/history/history.html ). Sin embargo, en vez de rendirse a la evidencia de las circunstancias, se pusieron a pensar. Miraron a su alrededor y vieron un paisaje espectacular ( http://www.leavenworth.org/SlideShow/bobsmith/bobshow.htm ) que recordaba tierras lejanas, vistas muchas veces en la clásica película “The Sound of Music” ( http://www.foxhome.com/soundofmusic/ , la cual se tradujo en España como “Sonrisas y Lágrimas”, y es que los distribuidores de cine en España siempre tuvieron mucha imaginación).

Vieron una oportunidad de negocio, y sin pensárselo más, declararon este pueblo miembro virtual del estado alemán de Baviera (Bayern para nuestros amigos del norte), y nombraron las montañas que les rodean parte oficial, aunque remota, de los Alpes. Convencieron a los comerciantes y habitantes del puerto en convertir todo el entorno en un pueblo bávaro de película… y lo consiguieron. Ahora disponen de los mejores restaurantes bávaros, con los mejores codillos, salchichas, y cervezas. Hasta las camareras recuerdan las saludables camareras que podemos ver en los restaurantes de Munich durante la Oktoberfest ( http://www.oktoberfest.de/en/index.php ).

Y ¿Por qué estoy hablando de Leavenworth? Porque esta experiencia me parece extremadamente motivadora. Como desarrollador, como profesor y consultor, he pasado momentos buenos y malos en mi vida profesional. ¿Quién no los ha pasado? Lo malo no es tropezar; lo que importa es el ímpetu con el que nos levantamos. Esto es lo que Leavenworth me ha enseñado.

En este mercado del desarrollo de aplicaciones oímos comentarios muy a menudo sobre el mal estado en el que está el mercado, con el síndrome de los mil euros mensuales (brutos por supuesto) planeando sobre las cabezas de los recién titulados, y tarifas horarias de miseria en muchos proyectos. Sin embargo, sigue existiendo un mercado para el trabajo de calidad, el trabajo que prima la excelencia en la observación rigurosa de las necesidades del cliente, sobre cualquier otro factor.

Me ha tocado trabajar en casi todos los continentes, con profesionales de todas las razas, idiomas, edades, creencias religiosas, y extracción social. Sólo puedo decir que la mayor limitación que todos y cada uno de ellos ha sufrido, si es que tenían alguna limitación, siempre ha residido dentro de ellos mismos. En unos casos la mayor limitación es el idioma (esa manía hispana de doblar todas las películas nos estará pasando factura, hasta que alguien descubra el modo de acabar con este sin sentido), en otros casos la falta de conocimientos sobre temas muy determinados, pero en la mayoría de los casos es simple y llanamente una falta de auto estima, que les permita ser conscientes de su valía personal, y de su potencial profesional.

Supongo que habréis escuchado o leído comentarios sobre el estado de la formación técnica en informática en España (me refiero a la formación específicamente dirigida a productos y tecnologías de Microsoft y otros fabricantes). Sin embargo, estas afirmaciones me asombran. Lo que el mercado no necesita es enviar a profesionales, cuyo tiempo es oro, a un curso donde el profesor se limita a leer un manual durante varias horas al día. Ellos saben leer solos, y más rápido. Sin embargo, lo que todas las empresas necesitan, es optimizar el tiempo disponible de sus profesionales, mediante una adecuada formación, que les permita ser más eficientes en sus responsabilidades técnicas. Una formación bien entendida, ahorra dinero a las empresas que las reciben. ¿Qué empresa no está interesada en ahorrar dinero? Hay empresas de formación que han entendido esto, realmente siempre lo supieron, y sus negocios siguen funcionando todo lo bien que podría esperarse y, lo que es más importante, su prestigio profesional sigue intacto, incluso en tiempos de crisis.

La verdad es que en todos los países y empresas hay excelentes profesionales, pero en muchos casos ni ellos ni sus empresas se han dado cuenta de ello. Les falta mirar a su alrededor y descubrir las montañas. Les falta mirar en su interior y descubrir esa sangre bávara, árabe, judía, romana, griega, íbera, y no sé cuántas más, que todos llevamos dentro. Les falta fijarse una meta en su carrera profesional que parezca irrealizable (¿a quién se le hubiera ocurrido montar un pueblo bávaro cerca de Canadá), y poner todo su empeño en ello hasta alcanzarlo, o quedarse suficientemente cerca como para disfrutar del camino.

Por ejemplo, ¿Cuál es el valor de una certificación de Microsoft? Conseguirla, ni más ni menos. Demostrarse a uno mismo que es capaz de sentarse a estudiar, practicar con el producto, sufrir el examen, y pasarlo. ¿Te hace cada examen un experto en esta tecnología? Obviamente no, pero al menos muestra que uno ha tenido la disciplina de estudiar el tema, prepararse para el examen, y demostrar que tiene los conocimientos requeridos para pasarlo. A lo mejor parece que no sea mucho, pero es más de lo que muchos otros pueden demostrar. Una reflexión similar podría aplicarse a los estudios universitarios, aunque su objetivo trasciende el de una formación puramente profesional.

En momentos de vacas flacas, es el momento de prepararse para cuando las vacas gordas vuelvan nos pillen preparados. Y en momentos de vacas gordas, es cuando hay que prepararse a fondo para que la llegada de las vacas flacas nos afecte lo menos posible. No hay excusas, no podemos sucumbir a las circunstancias. En Leavenworth te sirven la mejor cerveza alemana en el más genuino Bier Garten, ¿a ellos les importa que este pueblo no esté realmente en Baviera? Detalles, meros detalles. Lo que cuenta es el excelente servicio que rinden a los miles de visitantes que probablemente nunca puedan visitar la real Baviera. Tenemos que saber reinventarnos a nosotros mismos cuando sea necesario, para conseguir los objetivos que anhelamos.

Quizá nunca hayamos tenido en nuestras manos herramientas de la calidad y posibilidades de Visual Studio 2005 y SQL Server 2005, pero esto no es suficiente. Un excelente profesional hará un trabajo excelente con unas buenas herramientas. Sin embargo, un mal profesional no sabrá qué hacer con las herramientas más excelentes. Nuestro limitante está en nosotros mismos, en nuestros conocimientos, en nuestra voluntad de hacer un trabajo excelente

No hay excusas para no conseguir excelencia en nuestros conocimientos, en nuestro servicio al cliente. No culpemos al mercado de nuestras limitaciones. ¿Que los clientes actuales solo entienden de precio? Quizá haya llegado el momento de cambiar de clientes. Quizá haya llegado el momento de cambiar juntos el mercado que nos rodea. Vayamos a tomarnos una cerveza, sin alcohol que luego hay que terminar ese programa pendiente, a Leavenworth, y dejemos que sus montañas, y sus decididos ciudadanos nos inspiren.

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Fernando G. Guerrero

Fernando G. Guerrero

President of SolidQ, Non-Executive Director, Digital & Data Strategist, crazy about technology, NBA, movies and music of all kinds. Tom Peters' fan since 1982


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2 comments

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      Fernando G. Guerrero Author 13 December, 2015, 16:51

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