Mi infancia en Úbeda: Disfrutando al aprender otros idiomas

Mi infancia en Úbeda: Disfrutando al aprender otros idiomas

Esta foto podría reflejar más bien el ambiente en el que mis hijas han tenido la suerte de educarse, al menos en algunas etapas de su vida, en escuelas internacionales, rodeadas de niños de muchos países distintos. En mi caso, nada más lejos de la realidad. Que yo recuerde, en mi clase había algunos “extranjeros” de Rus y Canena, y hasta alguno de Sabiote, pero la inmensa mayoría vivía en Úbeda, aunque hubiéramos nacido en otros lugares (yo mismo nací en Santo-Tomé, a unos 30 kilómetros de Úbeda).

Aquí os dejo un mapa para que os hagáis una idea de las distancias entre esos lugares:

O sea, que de ambiente multi-cultural en mi infancia, más bien de poco a ninguno. ¿Qué más hubiera querido yo?

En los Salesianos de Úbeda de los sesenta y setenta no había profesor de inglés, así que no nos quedó otra que aprender francés, como expliqué en el artículo “Yo aprendí inglés en Indonesia a los 32”.

Si queréis viajar por Europa, tenéis que aprender Latín

Sin embargo, como ya he comentado en otro artículo, nuestro profesor de latín, Don Evaristo, nos convenció de que teníamos que dominar el latín, o no seríamos capaces de comunicarnos en Europa. De hecho, nos aseguró que en el famoso parque de atracciones Tívoli, en Copenhague, sólo se hablaba latín. Nosotros no habíamos oído hablar de aquél parque, pero seguro que no queríamos limitar nuestras posibilidades de acceder a esa maravilla, por lo que contaba Don Evaristo.

Así que aprendí latín, bastante decentemente, podría decirse. De hecho, aunque os parezca mentira, en nuestras clases de latín solo se hablaba en latín. Aún recuerdo el terror al oír del profesor esa temida orden “Condite omnia!” que nos obligaba a guardar todos los libros y apuntes porque empezaba un examen por sorpresa.

Tan enganchados quedamos al latín, que los fondos del grupo de Teatro Molière los guardábamos en una bolsa de piel a la que llamábamos la “crumena”.

Nota: para aquellos jovenzuelos que no hayan reconocido la foto de esta sección, viene de una desternillante escena de la genial película “La vida de Brian” de Monty Python, donde el centurión le recrimina a Brian las faltas gramaticales que había cometido en su pintada de protesta en latín, y le obliga a escribirlo correctamente 100 veces sobre el mismo muro.

Cada nuevo idioma resulta más fácil de aprender

Quizá este ejercicio de aprender francés y latín, hasta el punto hablar ambos, con una cierta fluidez, a los catorce años, me quitó el miedo a lidiar con otros idiomas, lo cual me permitió años más tarde poder aprender al menos nociones fundamentales de otros idiomas muy diferentes, como un poquito de árabe (al menos del dialecto que se habla en Casablanca, aunque ya prácticamente lo he olvidado tras no practicarlo durante los últimos veinte años) o rudimentos de Bahasa Indonesia, así como una relativa facilidad para entender italiano y portugués.

Estoy seguro de que sin esta experiencia temprana de aprendizaje de idiomas, no hubiera podido aprender inglés por mis propios medios a los 32, como ya he comentado en otro artículo (aunque me resultó imposible aprender antes de irme fuera de España).

No hubiera llegado a comunicarme con tanta gente, en tantos países del mundo, ni hubiera logrado establecer vínculos afectivos y profesionales con tantos amigos, si no hubiera hecho el esfuerzo de intentar comunicarme en su idioma, aunque fuera mínimamente. Hacer el esfuerzo de aprender el idioma de otras personas, demuestra un respeto por su cultura y por ellos mismos, lo cual genera casi instantáneamente una conexión que va más allá de los lazos profesionales o meramente de vecindad que pudieran haberse establecido.

Siempre recuerdo las largas conversaciones con uno de los conductores del proyecto en Yakarta, una vez que pude empezar a defenderme en Bahasa, único idioma que hablaba él, en esos atascos interminables por el tráfico inhumano de esa enorme ciudad. Pude saber de su familia y de sus aspiraciones personales, de sus miedos, y de sus alegrías, gracias a haber aprendido suficiente de su idioma como para poder comunicarme con él, aunque fuera rudimentariamente.

Nada es gratis, y todo requiere mucho esfuerzo, pero estoy seguro de que me hubiera resultado mucho más difícil si no hubiera tenido ese primer empujón de mis profesores de idiomas del Colegio de los Salesianos de Úbeda

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Fernando G. Guerrero

Fernando G. Guerrero

President of SolidQ, Non-Executive Director, Digital & Data Strategist, crazy about technology, NBA, movies and music of all kinds. Tom Peters' fan since 1982


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