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Mi infancia en Úbeda: creando sentido de pertenencia, amistad a pesar de la distancia

Mi infancia en Úbeda: creando sentido de pertenencia, amistad a pesar de la distancia

Durante mi vida, he vivido en muchas ciudades, y en varios países de cinco continentes. He estudiado en diferentes instituciones, de diferente tipo. He trabajado y colaborado con mucha gente de muchas empresas y países, he disfrutado de su compañía, y también he aprendido (y sigo aprendiendo) mucho de todos ellos.

Puedo decir que me siento ciudadano del mundo. Como ya he comentado, nací en Santo-Tomé, Jaén, aunque mi niñez la pasé en Úbeda. Luego empecé un periplo que me ha llevado a dar más vueltas que una peonza.

Mis primeros amigos los encontré en Santo-Tomé, con quienes compartía gran parte de mis vacaciones, y con quienes explorábamos los campos y lomas, ríos y riachuelos, de ese inmenso campo de aventuras que era mi pueblo para un niño como yo. Y eso que no sabíamos aún que en esas lomas se escondían los restos de la Batalla de Baécula, o seguro hubiéramos emprendido su búsqueda con todas nuestras energías.

Sin embargo, fue en Úbeda donde realmente encontré un grupo de amigos entrañable, al cual me siento unido, y en quienes pienso con cariño muy a menudo, a pesar de llevar muchos años sin ver a muchos de ellos.

El miedo de un adolescente a sentirte aislado

Sin embargo, cuando me fui de Úbeda, pasé un tiempo que me sentía como fuera de lugar. Con catorce años, y más bien tímido, en tiempos en los que no existía ni WhatsApp, ni el Facebook, ni los teléfonos móviles, tiempos en los que llamar a otra ciudad representaba una llamada de larga distancia, y en los que las cartas tardaban semanas en llegar a su destino (si no se perdían por el camino), mudarte a otro lugar, a más de trescientos kilómetros de tus amigos, representaba una tragedia para cualquier adolescente.

Pensé que no podría llegar a encajar de nuevo en ningún grupo de amigos. Recuerdo mi primera tarde en San Isidro, donde mi familia se mudó en el 1973, intentando conectar con chicos de mi edad en un partido de fútbol. O el primer día de clase en Cabezo de Torres, como el único interno nuevo de ese curso. En ambos casos pensé que me encontraría solo el resto de mi vida. Pero no fue así. En San Isidro y en Cabezo me aceptaron inmediatamente, y hasta se podría decir que ser “el nuevo” tuvo sus ventajas.

Sin duda debo este fácil encaje a su generosidad y paciencia con ese jovenzuelo andaluz, que presumía todo el tiempo de lo bonita que era Úbeda, y que seguro que les dio muchos motivos para que lo mandaran a hacer puñetas en más de una ocasión.

Haciendo amigos por el mundo

El tiempo me ha confirmado que esos miedos iniciales eran infundados. La vida me ha premiado con grupos de amigos en muchos países. No hablo de “amigos” de Facebook. Hablo de personas de quienes de vedad me alegra saber que les va bien, y de quienes me apena saber que sufren algún problema. Personas a las que quizá vea una o dos veces al año, pero nos saludamos con un abrazo cariñoso, porque sentimos un mutuo aprecio sano, a pesar de la distancia que sufrimos la mayor parte del tiempo.

Friends

Tengo amigos de las empresas en las que he trabajado, de los centros donde he estudiado, de los lugares donde he vivido. Soy muy afortunado. No todas las personas con las que me he relacionado son amigos míos, por supuesto, pero puedo decir que tengo muchos amigos, y tengo un gran sentido de pertenencia a muchos grupos de estos amigos. Con algunos he empezado a retomar contacto tras muchos años de distanciamiento físico (que no anímico).

Hay amigos de otros países a quienes logro ver varias veces al año, en diferentes lugares del mundo, porque hacemos por coincidir en diferentes eventos internacionales, o porque organizamos vacaciones juntos (cada año en un lado del Atlántico, para no abusar de ninguno).

Hay amigos a quienes he conocido online años antes de haberles conocido cara a cara y, a pesar de ello, logramos establecer una sólida amistad antes de conocernos cara a cara. Algunos de ellos los conocí online hace ya casi 20 años, ¡Cómo pasa el tiempo!.

Alguien dijo que “Los amigos de mis amigos son mis amigos”, y yo podría certificarlo sin dudarlo. Durante todos estos años, muchos de mis amigos los he conocido a través de otros amigos, que han servido como canalizadores de cariño mutuo.

El cariño que se crea al sufrir y sacrificarse juntos

A otros amigos les he conocido ya de bastante mayor, al volver a estudiar con más de 50 años, haciendo el CADE y el MBA en Fundesem, pero con la misma ilusión de un adolescente. Con ellos he sufrido y he disfrutado, a lo largo de dos años, viernes por la tarde y sábados por la mañana, y algunos jueves por la tarde también. Hemos trabajado en proyectos de grupo, y hemos compartido experiencias en clase. Hemos organizado fiestas y nos hemos alegrado de los éxitos de todos.

Dos años después de haber terminado el MBA, seguimos dándonos los buenos días por WhatsApp, casi todos los días, y sentimos un subidón de alegría cuando nos encontramos en el tren, o en el aeropuerto, o en las comidas o cenas que organizamos frecuentemente.

AmigosCADE

Además, por culpa de mis muchos viajes, me tocó recuperar clases del CADE en el centro del FEDA de Albacete, con lo que tuve la enorme suerte de conocer a otro grupo excepcional de amigos en ese centro de negocios también. Sorpresas que te da la vida: lo que podría ser un inconveniente, termina siendo una enorme oportunidad.

Esta experiencia la he sentido de nuevo con el grupo de consejeros profesionales con quienes he compartido cursos de certificación en el Instituto de Consejeros-Administradores.

Con familia y amigos, ¿qué más necesitamos para ser felices?

Me siento muy afortunado. De verdad. Tengo la inmensa suerte de tener una maravillosa y muy extensa familia (porque yo soy de los que cuenta como familia cercana hasta los primos segundos, y a veces más allá) de la cual solo puedo dar gracias a mis mayores, por la generosidad que demostraron al crear una familia tan grande en tiempos no siempre fáciles. Y a mi compañera, y amor de toda la vida, que me ha dado tres maravillosas hijas para contribuir por nuestra parte a agrandar esta gran familia.

En lo que se refiere a mis amigos, ni planeándolo estratégicamente con auxilio de una consultora de renombre internacional podría haberme salido mejor. Hallá donde pueda viajar en un momento dado, seguro que hay algún amigo con quien podré disfrutar de pasar un rato juntos, compartiendo miedos y esperanzas, alegrías y tristezas, saboreando juntos esta maravillosa y apasionante vida, con sus luces y sombras.

¿Qué más puedo pedir?

Quizá nunca hubiera sido capaz de apreciar esta búsqueda de la amistad, este saber valorar al amigo, sea de donde sea, y piense como piense, si no hubiera tenido que abandonar Úbeda a mis catorce años. Quizá nunca hubiera entendido que era capaz de entablar nuevas amistades, si no me hubiera enfrentado a la separación forzosa de mis amigos más entrañables.

En todo caso, no tengo excusa para no volver más a menudo a Úbeda, y disfrutar de mis amigos, y de las calles y tapas de esa magnífica ciudad, que tanto ha representado para mí.

Y, con este último artículo de esta serie sobre mi infancia en Úbeda, quiero dar las gracias de nuevo a Matías por esta maravillosa foto, que tantos recuerdos me trae

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Fernando G. Guerrero

Fernando G. Guerrero

President of SolidQ, Non-Executive Director, Digital & Data Strategist, crazy about technology, NBA, movies and music of all kinds. Tom Peters' fan since 1982


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